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LOS SABIOS Y LOS PEQUEÑOS
Homilía para el 14º Domingo del Año A (06/07/2008)

Hace poco, se pudo leer en los diarios una noticia sobre una investigación, que comprobaría que los ateos son más inteligentes que los creyentes. Si fuera cierto, la pregunta sería: ¿A qué se atribuye la falta de fe en los que son considerados inteligentes? La respuesta que da Jesús hoy en el evangelio es, que el Padre ha ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, y las ha revelado a los párvulos, a los niños, a los pequeños. Y él alaba por eso al Padre. Y agrega que nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Es decir, la inteligencia del hombre por si sola es incapaz de entrar en el misterio de Dios.

Este planteo hace recordar al gran científico y filósofo de la ilustración, Blas Pascal, quien, después de largos años de búsqueda intelectual, una noche fue sorprendido por una experiencia mística, que él anotó en un pergamino que desde entonces llevaba siempre consigo, cosido dentro de su saco. Comienza este memorial con la fecha y hora precisas:

"Año de Gracia de 1654
Lunes 23 de noviembre. Aproximadamente desde las diez y media de la noche, hasta cerca de media hora después de medianoche." Y sigue en forma de exclamaciones:
" Fuego.
Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos y de los sabios. Certeza. Certeza. Sentimiento. Alegría, Paz. Dios de Jesucristo. Tu Dios será mi Dios.
Olvido del mundo y de todo, con la excepción de Dios.
Sólo se encuentra por las vías enseñadas en el Evangelio.
Que no me separe de él eternamente.
Esta es la vida eterna, que te conozcan como el solo Dios
verdadero y Aquél que tú has enviado, Jesucristo.
Jesucristo
Jesucristo ¡Que jamás me separe de Él!"

Ciertamente, Jesucristo no es el Dios de los filósofos y de los sabios. La fe filosófica puede llevarnos a la convicción de la existencia de Dios. Pero de hecho, así observaba San Pablo, "el mundo con su sabiduría no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría", por eso "Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación" (1 Co 1, 21). Solamente la fe en su palabra nos da acceso a la profundidad de su misterio. El evangelio de hoy es uno de estos textos claves. Jesús manifiesta aquí de manera indudable su autoconciencia de ser el Hijo de Dios. Frente a esta manifestación, cada uno debe dar su respuesta: si lo considera un delirante o si cree en el Dios hecho hombre. Nosotros, después de dos mil años que existe la iglesia, contamos con una infinidad de pruebas de que "la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y de que la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de la hombres" (1 Co 1,25). Por eso, tenemos también mayor responsabilidad, no solamente de asumir el mensaje, sino además de trasmitirlo.

Son muchos los afligidos y agobiados, necesitados de consuelo. Si hemos experimentado que Jesús es paciente y humilde de corazón, invitemos a los hermanos a cargar con el yugo del Señor, para descubrir que así nuestra propia carga se hace suave y liviana.

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes

 

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