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EL NIÑO
Homilía para el 1º Domingo de Navidad (28/12/2008)
La tentación de imaginarse los años ocultos de la niñez de Jesús ha sido el origen de varios evangelios apócrifos en los siglos III a V. Los libros canónicos que forman parte del Nuevo Testamento, en cambio, son sumamente escuetos sobre este período en la vida de nuestro Señor. Después del relato sobre el nacimiento de Jesús, el anuncio a los pastores, la adoración de los magos de oriente y la huida a Egipto, el evangelio trae solamente la escena de su presentación en el templo, donde dos personas proféticas, Simeón y Ana, revelan el designio de Jesús como Mesías que ha de ser causa de contradicción en el pueblo de Dios. Hasta que Jesús cumpla los 12 años, debemos conformarnos en el evangelio con el informe breve: "Volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él".
Nazaret no se menciona ni en el Antiguo Testamento ni en el Talmud, ni es mencionado tampoco por historiadores de la época. La procedencia de Jesús del insignificante Nazaret incluso ha sido un motivo de duda. "¿Acaso puede venir algo bueno de Nazaret?", preguntó Natanael (Jn 1, 46). Nazaret comenzó a ser conocido como patria de Jesús, cuando salió de su pueblo, y quedará para siempre en la memoria por el cartel que puso Pilatos en la cruz: "Jesús de Nazaret Rey de los Judíos".
Con los ojos de la fe descubrimos que Nazaret no indica solamente un lugar físico, sino una opción de parte de Dios que eligió lo pequeño para convencernos que él realmente se había hecho uno de nosotros. Por eso, como niño tenía que crecer para ser sano y fuerte. Y no sólo físicamente. "Se fortalecía lleno de sabiduría", dice el evangelio. A diferencia de los que pensaban que la naturaleza humana de Jesús fue solamente apariencia y que su naturaleza divina era lo único real, el Magisterio de la Iglesia siempre mantuvo la enseñanza de que Jesús tenía cuerpo y alma humanos y que tenía que aprender como todos los seres humanos, e incluso conocer la voluntad de Dios y aceptarla. Jesús como niño es un reclamo de amor para todos los niños, y su vida oculta un reclamo de respeto a todos los seres humanos, aunque nunca se conozcan sus nombres y su lugar de origen. De Jesús no solamente se afirma que la gracia de Dios estaba con él, sino que es verdaderamente el Emmanuel, el "Dios con nosotros".
Con estos breves versículos, el evangelio da a la familia una enorme importancia. El hecho que el Señor se haya criado en un hogar, con su madre y su padre adoptivo, indica que hay referencias insustituibles para el sano crecimiento de la persona humana. La experiencia del padre y de la madre, la relación de amor y respeto entre ellos y con los hijos son la vivencia fundamental para que los niños sientan que hay un lugar para ellos en el mundo. Y si los padres manifiestan delante de ellos su fe en Dios y son un reflejo de su bondad y misericordia, los niños no se desanimarán en las dificultades y descubrirán su proyecto de vida, como Jesús cuando al entrar en la adolescencia se había quedado en el templo. Los hijos están dispuestos a sujetarse a los padres, si estos mismos están sujetos a Dios, del cual emana toda paternidad en la tierra.
En esta eucaristía nos unimos no solamente a Cristo, sino entramos también en comunión con su santa Madre y con San José, con el cual Jesús aprendió a decir "Abbá - Padre", antes de enseñarnos que con esta expresión familiar llamáramos al Padre en el cielo.
Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes
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