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EL SIGNO DE CANÁ
Homilía para el 2º Domingo de Cuaresma del Año C (17/01/2010)
Hay cosas en nuestro país que indican todo un cuestionamiento de los valores tradicionales de nuestra sociedad. Que el dictamen de una jueza sobre la infidelidad de un esposo que vivía, hacia ya mucho tiempo, con otra mujer, haya dado la razón a su mujer legítima, llamó en estos días la atención en la prensa. La formalidad del casamiento y del divorcio, parecería, es en la opinión de muchos de poca importancia. La reacción asombrada por el dictamen evidencia un cambio en la escala de valores. Llama además la atención la creciente falta de decisión para formar un hogar estable, por lo cual merman los casamientos por civil, y también por iglesia. Es en tal contexto en que debe ser presentado el mensaje de Cristo sobre el matrimonio hoy.
Para su primer milagro que realizó Jesús eligió, por instancia de su madre, justamente el marco de una boda. Les regaló a los novios el vino que alcanzó holgadamente para recibir a los huéspedes que se presentaban durante ocho días que duraba la fiesta. El evangelista llama la conversión del agua en vino un "signo", para indicar que Jesús con el prodigio quiso manifestar que en realidad él mismo era el novio y que había comenzado la boda mayor de Dios, que se une y se entrega a su pueblo. Esta interpretación afirma el valor que el evangelio atribuye al matrimonio como compromiso mutuo y permanente; de tal manera que Jesús no encuentra mejor forma para expresar su amor hasta el extremo hacia nosotros que por la fiesta de una boda.
El concepto radical del matrimonio y de su indisolubilidad, en el tiempo de Jesús, no era común ni entre los judíos ni entre los griegos o romanos. Los mismos apóstoles estaban sorprendidos e impresionados, cuando preguntaban a Jesús si estaba permitido que el hombre y la mujer se separara y se casaran de nuevo. Cuando Jesús les contestó que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido, los discípulos comentaban que entonces sería mejor no casarse. Cristo, sin embargo, no se retractó. Y los cristianos, desde los comienzos de la Iglesia , llamaban la atención en su entorno pagano por su coherencia de vivir el compromiso matrimonial. Entendían que su matrimonio era un sacramento, es decir que los esposos eran un signo exterior, por el cual Cristo manifestaba de manera visible su amor a la Iglesia , por la cual entregó su vida. Cuando los novios se dicen mutuamente la palabra de querer ser fieles durante toda su vida, escuchamos en realidad la voz del mismo Cristo quien habla por su boca. Y Cristo no miente. Y es a partir de él que debemos considerar las situaciones actuales.
El amor entre el hombre y la mujer, al cual los novios se comprometen, no es la expresión de un sentimiento fugaz, sino de la voluntad de quedarse juntos en todas las circunstancias; "en la prosperidad como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad", según la formula del casamiento. Como discípulos de Cristo estamos convencidos, que las circunstancias adversas son momentos en que se purifican las ansias del yo y se profundiza el verdadero amor. A partir de Cristo es posible también que una persona que no puede contraer matrimonio, encuentre un sentido a su existencia, al saberse intensamente amado por Dios y al brindar su capacidad creativa y trabajo a la comunidad. Y sabiendo que cada persona está comprendida en el plan de Dios y que para cada uno y una él tiene reservado un proyecto propio, nadie debería dudar de aceptar su invitación y manifestarlo públicamente, tanto ante la sociedad civil cuanto ante la comunidad eclesial. Con San Pablo podemos decir confiadamente: "Todo lo puedo en aquel que me conforta".
Queremos celebrar esta misa por nuestras familias, por la unión de los esposos y el diálogo entre padres e hijos; queremos rezar también por los sacerdotes, religiosos, religiosas y todos los consagrados; especialmente queremos pedirle a Señor por los que viven solos. Roguemos para que entre todos formemos su pueblo bien unido, anticipando ya ahora el cielo donde Dios será todo en todos.
Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes
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