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CRISTO LA ESPERANZA
Homilía para el décimo sexto Domingo del Año C (18/07/2010).

La experiencia y la palabra del apóstol Pablo trasmitida a los Colosenses nos ilumina para comprender la misión de los cristianos en medio del mundo. Él escribe esta carta desde la cárcel, donde estaba por las acusaciones de las autoridades judías a causa del evangelio, y esperando el veredicto del gobierno romano. Se alegra de poder sufrir por la Iglesia y participar así en la suerte del mismo Cristo, ya que la comunidad es su Cuerpo.

El apóstol, al cual Dios había revelado su plan divino, estaba conciente de su misión como ministro de la Palabra de Dios, que tenía como destinatarios a los paganos. La comunidad de Colosas, formada justamente por cristianos de gente no judía, fue considerada por Pablo como portadora del misterio de Jesucristo en medio de este ambiente. Este misterio, les dice Pablo, "es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria".

La presencia de Cristo en y entre los cristianos es lo que al mismo apóstol da tanta fortaleza y alegría. Cuando Saulo estaba buscando a los cristianos en Damasco y Jesús le dijo desde el cielo que era él al que estaba persiguiendo, Pablo desde entonces estaba compenetrado con el Señor. "Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí", dice él después. Se entregó totalmente, teniendo los mismos sentimientos de Cristo Jesús. "Es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre", dijo Jesús cuando mandó a Ananías a imponerle las manos a Pablo, devolverle la vista y bautizarlo. Sufrir por Cristo y su evangelio significaba para el apóstol la prueba de que estaba realmente participando en la misión de Cristo. Por eso sentía tanta alegría; el sufrimiento por el evangelio era como el portón que lo llevaba a la gloria del Resucitado.

Es esto lo que el apóstol quiere trasmitir a todos los hombres, también a nosotros hoy, para que seamos instruidos en la verdadera sabiduría. La madurez en Cristo logramos solamente dejándonos moldear por él con un corazón bien dispuesto. Cristo está en nosotros y entre nosotros, su Iglesia. Que nada nos turbe y nada nos espante. Él es la esperanza de nuestra gloria.

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes

     
     
     
     
     
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