logo obispo ctissera05Saludo a los educadores y educadoras de la Diócesis de Quilmes  

 

«Todo era común entre ellos» (Hch. 4, 32b)
 
Durante estos días viviremos en las comunidades educativas nuevas instancias de celebración: una de ellas es la acción de gracias por la vocación docente. La comunidad de educadores sostuvo, fortaleció y animó la vida de las escuelas en contextos muy adversos producto de la pandemia. Pero aquellos equipos que pusieron todo en común, como las primeras comunidades de cristianos y cristianas, testimoniaron el don salvífico de la vivencia en fraternidad.

El 15 de octubre del 2020 el Papa Francisco en su mensaje sobre el Pacto Educativo Global nos decía que estamos atravesando como humanidad una catástrofe educativa donde “vemos que no son suficientes las recetas simplistas o los vanos optimismos. Conocemos el poder transformador de la educación: educar es apostar y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos y fatalismos con los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles y la ideología de los utópicos quieren imponerse tantas veces como el único camino posible.” No olvidemos que animamos un proceso que es realmente transformador, que construimos una ciudanía enraizada en la esperanza del pueblo que habita y transita nuestras escuelas. La sinodalidad es el camino para una nueva gestión educativa, nuevos vértices desde donde vemos el poliedro escolar.

El Pacto Educativo Global propone una nueva temporada de compromiso educativo que implique a todos los componentes de la sociedad. Por ello, invita a las familias, las comunidades, las escuelas, las universidades, las instituciones, las religiones, los gobernantes, los hombres y las mujeres de la cultura, la ciencia, el deporte, los artistas, los operadores de los medios de comunicación y toda la humanidad a firmar un pacto educativo comprometiéndose personalmente con siete vías. La primera de ellas es poner a la persona en el centro: contra la cultura del descarte, poner en el centro de todo proceso educativo a la persona, para hacer emerger su especificidad y su capacidad de estar en relación con los demás.

Queridos educadores y educadoras: en tiempos de distancias y rupturas, que sea la escuela poniendo a la persona en el centro, la cicatriz social. En este día donde también homenajeamos a tantos trabajadores y trabajadoras de la educación que han perdido la vida, seamos nosotros monumento vivo de una nueva humanidad, donde al poner todo en común anunciamos a los estudiantes, un nuevo modelo cercano, paciente y misericordioso. Dejemos que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones educativas sintonicen con el amor profundo de Dios.

Que María Inmaculada los bendiga y fortalezca.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

Quilmes, 11 de septiembre de 2021