HOMILÍA DE LA MISA DE APERTURA DEL SINODO 2021-2023 
Catedral de Quilmes – 17 de octubre de 2021

Hermanas y hermanos:

El Evangelio de Marcos de estos domingos nos presentan a Jesús caminando hacia Jerusalén. Sucesivos encuentros de Él con la gente que lo siguen, con los que aparecen en el camino, nos van dejando una enseñanza. La primera de ellas es que Jesús camina con nosotros. Él es “el Camino”. Hoy nos cuenta que Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús con un pedido: sentarse uno a la derecha y otro a la izquierda cuando Jesús esté en la gloria. A partir de ahí Jesús nos enseña a discernir y a comprometernos. A veces, no es fácil discernir en el corazón de uno mismo, si las distintas actitudes nacen de una sincera búsqueda de servir, o del secreto deseo de sobresalir y dominar. Es cierto también que, con la mejor buena voluntad, a veces las cosas se mezclan y se confunden.

Son dos los caminos que están a nuestros ojos, para quienes somos discípulos misioneros de Jesús. El camino archiconocido del ejercicio del poder, de los que se creen dueños de los demás, de los poderosos que hacen sentir su fuerza y autoridad. Y el otro camino, el que Jesús hoy propone a los discípulos. Un camino distinto, “otro camino”. No está prohibido buscar “ser grande”, pero la única grandeza es el servicio gratuito. Es posible desear “ser el primero”, pero hay una sola manera para el cristiano: “que se haga servidor de todos”.

“Servir”, “dar la vida”: éste es el camino entre nosotros.

Hoy, en esta Catedral de Quilmes, unidos a todos los obispos del mundo hacemos la APERTURA DEL SÍNODO que culminará en Roma en el año 2023. El Papa Francisco realizó esta apertura el domingo pasado. Hoy, en todas las Catedrales de la Iglesia Católica del mundo entero. El tema del Sínodo es: “POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN”.

Invocamos al Espíritu Santo para que, como en Pentecostés, se derrame sobre todo el pueblo de Dios y sus pastores, para anunciar al mundo de hoy “la alegría del Evangelio”. “El Sínodo no es un parlamento… el Sínodo no es un sondeo de las opiniones; el Sínodo es un momento eclesial, y el protagonista del Sínodo es el Espíritu Santo. Si no está el Espíritu, no habrá Sínodo” (Francisco, 9-10-2021)

Comunión y misión son las palabras claves, presentes en el Concilio Vaticano II, y expresan el misterio mismo de la Iglesia. El Papa San Pablo VI, y luego, el Papa San Juan Pablo II supieron fortalecer y enriquecer la vida de la Iglesia mediante los Sínodos que empezaron a convocarse desde hace más de cincuenta años. Juan Pablo II insistía en que es preciso la participación de todos, por nuestra condición de bautizados. Es la tercera palabra: participación. Todos somos Iglesia. El Papa Francisco lo dice claramente: “Si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad de manera concreta a cada paso del camino y del obrar, promoviendo la implicación real de todos y cada uno, la comunión y la misión corren el peligro de quedarse como términos un poco abstractos. Quisiera decir que celebrar un Sínodo siempre es hermoso e importante, pero es realmente provechoso si se convierte en expresión viva del ser Iglesia, de un actuar caracterizado por una participación auténtica […] Hemos avanzado en este aspecto, pero todavía nos cuesta, y nos vemos obligados a constatar el malestar y el sufrimiento de numerosos agentes pastorales, de los organismos de participación de las diócesis y las parroquias, y de las mujeres, que a menudo siguen quedando al margen. ¡La participación de todos es un compromiso eclesial irrenunciable! Todos los bautizados, este es el carné de identidad: el Bautismo” (9-10-21)

En nuestra Iglesia de Quilmes, gracias a Dios, estas palabras no nos resultan tan nuevas. El Padre Obispo Jorge Novak supo encarnar en la naciente diócesis las enseñanzas del Concilio Vaticano II, y por eso, desde sus comienzos quiso que fuera una Iglesia sinodal. Se cumplieron 40 años de la convocatoria al Primer Sínodo Diocesano. Su tema fue: La Palabra de Dios. Para el Siervo de Dios, Jorge Novak, el Sínodo era el medio eficaz de la aplicación del esfuerzo renovador del Concilio Vaticano II, de las orientaciones emanadas de los Sínodos Romanos de los Obispos, y de los Documentos de Medellín y Puebla de la Iglesia Latinoamericana.

Al Primer Sínodo seguirán la Asamblea del Pueblo de Dios (1987), los Congresos de Laicos (1989 y 1996-1997), un Congreso Misional Diocesano (1992), el Congreso Diocesano de la Juventud (1989), un Segundo Sínodo Diocesano (1993-1994), dos Congresos diocesanos de Educación Católica y un Congreso diocesano de Catequesis.

Yo había convocado al Tercer Sínodo Diocesano. La pandemia y sus consecuencias, hicieron que no se realice la Asamblea del Sínodo como pensábamos, sino que he decidido invitar a toda la Diócesis a entrar en un «camino sinodal», en una dinámica de comunión y participación que, con sus propios medios y herramientas, nos permita seguir “haciendo camino juntos” como pueblo de Dios.

“Nada de lo que hemos hecho hasta ahora se pierde. Ninguna asamblea parroquial, ninguna consulta, ninguna palabra de las que hemos dicho y escuchado, va a caer en el olvido. Todo lo que hemos trabajado hasta el momento será recogido y servirá como punto de partida para el camino sinodal. Un equipo especialmente convocado, animará esta nueva etapa, un equipo que tendrá como una de sus principales responsabilidades escuchar y hacer oír la voz de todo el pueblo de Dios” (En Luján, el 19/09/2021)

De esta manera, de modo providencial, nos unimos al camino que inicia la Iglesia universal, participando del Sínodo sobre la Sinodalidad, camino que el Papa inició el pasado domingo en Roma, y hoy nosotros en Quilmes.

La semana pasada el Papa Francisco nos decía:

“Que este Sínodo sea un tiempo habitado por el Espíritu. Porque tenemos necesidad del Espíritu, del aliento siempre nuevo de Dios, que libera de toda cerrazón, revive lo que está muerto, desata las cadenas y difunde la alegría. El Espíritu Santo es Aquel que nos guía hacia donde Dios quiere, y no hacia donde nos llevarían nuestras ideas y nuestros gustos personales. El padre Congar, de santa memoria, recordaba: «No hay que hacer otra Iglesia, pero, en cierto sentido, hay que hacer una Iglesia otra, distinta» (Verdadera y falsa reforma en la Iglesia, Madrid 2014, 213). Y esto es un desafío. Por una “Iglesia distinta”, abierta a la novedad que Dios le quiere indicar, invoquemos al Espíritu con más fuerza y frecuencia, y dispongámonos a escucharlo con humildad, caminando juntos, tal como Él —creador de la comunión y de la misión— desea, es decir, con docilidad y valentía”.

“Ven, Espíritu Santo. Tú que suscitas lenguas nuevas y pones en los labios palabras de vida, líbranos de convertirnos en una Iglesia de museo, hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro. Ven en medio nuestro, para que en la experiencia sinodal no nos dejemos abrumar por el desencanto, no diluyamos la profecía, no terminemos por reducirlo todo a discusiones estériles. Ven, Espíritu Santo de amor, dispón nuestros corazones a la escucha. Ven, Espíritu de santidad, renueva al santo Pueblo fiel de Dios. Ven, Espíritu creador, renueva la faz de la tierra”.

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buen camino juntos! Que podamos ser peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo. No perdamos las ocasiones de gracia del encuentro, de la escucha recíproca, del discernimiento. Con la alegría de saber que, mientras buscamos al Señor, es Él quien viene primero a nuestro encuentro con su amor”.

Que la Inmaculada Concepción y San José nos acompañen en este camino de todos.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes