P.O. CARLOS JOSÉ TISSERA 

 Hermanas y hermanos: 

El Santo Cura Brochero decía: “En la Última Cena el amor del Corazón de Jesús (ante tantas afrentas y traiciones) es cuando se acrece, se vigoriza, se agiganta, se rebalsa y se revienta, si puedo expresarme así, y hace entonces un milagro de amor que puso en admiración y espanto a los mismos ángeles” (Plática sobre la Última Cena de Jesús; primer día de la 3ª. Semana de Ejercicios Espirituales. “El Cura Brochero”. CEA. Pag. 81)
 
Reunidos para celebrar tan grande misterio de amor, nuestros corazones rebosan de alegría en este día. La Iglesia de Quilmes está de fiesta. Dios nos regala un nuevo obispo. Delicadezas de su amor, manifestado en el corazón bondadoso del Papa Francisco que nombró al Padre Maxi en respuesta a mi pedido de un obispo auxiliar.
 
Has elegido como lema: “SEGÚN TU PALABRA”
 
Esa Palabra ha sido proclamada hoy. Dios se hace presente en la vida de Jeremías. Desde el inicio establece una relación de amor de Padre con él. Lo conoce interiormente, desde el seno de su madre. Le habla al oído, le expresa su amor, le propone una misión, le garantiza que no lo dejará solo, y que lo ayudará. Jeremías es consciente de sus limitaciones, de su fragilidad, de su poca cosa: “¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven”.
 
Desde el día que aceptaste este llamado que Dios te hizo por medio del Papa Francisco para desempeñar esta misión, querido hermano Maxi, has ido experimentando fuertemente estas vivencias del profeta. Lo has contado en tantas ocasiones; lo compartiste con tus hermanos sacerdotes y con los fieles, y también en tus variados contactos. Pero particularmente, recuerdo un momento de gracia que vivimos juntos el pasado 9 de enero, con todos los seminaristas, en la pequeña capilla de la Casa de Ejercicios de Villa Cura Brochero (Córdoba). Los que estuvimos allí fuimos testigos de un verdadero abrazo consolador de ese Dios que te ama ¡Nada menos que ante la urna que guarda las reliquias del Santo Cura Brochero! No sé de dónde te brotaron tantas lágrimas. Más que demasiado joven, te mostraste en tus palabras, entrecortadas por la emoción, con un corazón de niño en brazos de tu Padre. Allí mismo trajiste el recuerdo de otro momento de gracia vivido hace más de veinte años, cuando con tu compañero el Padre Eduardo Silio, participantes de un encuentro de pastoral vocacional en Córdoba, con sus ahorros se costearon una escapada hasta ese lugar al que sólo conocían de oídas, por los apasionados comentarios del Padre Gino. Sin duda, allá lejos, el Cura Brochero anticipaba la gracia de este día que estamos celebrando.
 
Hoy vivimos con profunda alegría una realidad que nos trasciende y nos invita a fijar la mirada en Jesucristo, el enviado del Padre para salvar al mundo. Él envió a su vez a los Apóstoles para que, llenos del Espíritu Santo, anunciaran el Evangelio y reuniendo a todos los hombres en un solo rebaño, los santificaran y los pastorearan. A fin de asegurar la continuidad de este ministerio hasta el fin de los tiempos, los Apóstoles eligieron colaboradores a quienes comunicaron por imposición de las manos, que confiere la plenitud del sacramento del Orden, el don del Espíritu Santo que habían recibido de Cristo. De este modo se ha conservado tan importante ministerio a través de los tiempos. Por el ministerio paternal del Obispo, el mismo Jesucristo sigue predicando el Evangelio, administrando los sacramentos de la fe a los creyentes.
 
Todo esto lo hace el Obispo, pero con un único estilo, el de Jesús, “que no vino a ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate por una multitud” (Mt. 20, 28)
 
Estamos ante la Catedral de Quilmes. Al mirarla, viene a nuestro recuerdo la persona del primer pastor diocesano, el Padre Obispo Jorge Novak, quien te recibió en el Seminario y te ordenó sacerdote. Aquí mismo él fue ordenado obispo aquel 19 de septiembre de 1976. Ese día dijo: “Es nuestra más urgente tarea como comunidad cristiana la evangelización, la que hallo expresada en esta frase punzante del Apóstol: “Pobre de mí si no predicara el Evangelio” (1 Co. 9, 16). El Padre Obispo Jorge anticipó fehacientemente lo que hoy Francisco llama “una Iglesia en salida” cuando dice: “En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de “salida” que Dios quiere provocar en los creyentes… Salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20) Novak mantuvo siempre encendida en su corazón la llama ardiente de la misión, que lo llevó a estar atento a la realidad del hombre y de la mujer de este sur de Buenos Aires. Así se expresaba: “Llegué como obispo de una diócesis de obreros, y hoy me toca pastorear una diócesis de desocupados” (Luis Liberti. “Jorge Novak, testigo y sembrador de esperanza”, pg. 280).
 
San Pablo, en su segunda carta a los Corintios que se ha leído, dice: “Investidos misericordiosamente del ministerio apostólico, no nos desanimamos… Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús (4, 1.5). Estas palabras, querido hermano Maxi, nos consuelan, ante el temblor que nos causa sentir lo sagrado de este inmenso servicio. “Llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios” (4, 7) Algo así es lo que Novak experimentaba, luego de veinte años como obispo de Quilmes, cuando dice: “En mi ordenación episcopal, el consagrante principal me formuló esta pregunta: ¿quieres mostrarte afable y bondadoso, en el nombre del Señor, con los pobres, con los que no tienen casa y con los necesitados? Contesté: “Sí, quiero”. No podía imaginar en ese momento los alcances de la pregunta y de mi respuesta. El propósito era sincero, pero lo que me demandaría el ministerio en ese campo sólo se develaría paso a paso”. Estamos ante un acabado ejemplo de lo que es la formación permanente de un obispo.
 
Las cuatro estrellas de tu escudo episcopal hacen referencia a esos cuatro cauces por los que se desplegó la vida de esta Iglesia de Quilmes, de la mano de su primer obispo: la opción preferencial por los pobres, la misión evangelizadora, la defensa de los derechos humanos y el servicio a la unidad de los cristianos. Cuatro estrellas que brillan en nuestro camino, nacidas del corazón de este Siervo de Dios, a quien miramos como intercesor, y que el Papa Francisco, el pasado 2 de febrero lo definió así: “Novak es una verdadera luz en el episcopado argentino”.
 
Ese día tuve la oportunidad de agradecerle a Francisco personalmente la gracia de tener nuestro obispo auxiliar. El Papa nos da la clave para vivir nuestro ministerio episcopal, en esas palabras dirigidas a los obispos latinoamericanos en Brasil: “Quien conduce la pastoral es el Obispo. El Obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear… Los obispos han de ser pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida… Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.
 
Nada seríamos si no es por aquellos que nos dieron la vida y nos formaron en el amor: la familia. Gracias mamá Liliana (“Lili”) por entregar tu hijo a Dios y a su pueblo. Maxi siempre cuenta anécdotas familiares… ¡Gracias Laura y famlia; gracias Marcos y familia.! Y al papá Juan Carlos, representado por estos familiares venidos desde Suiza, trayéndonos el recuerdo del bisnono Celestino Margni que dejó su familia y su tierra buscando un porvenir mejor para sus hijos. Estos familiares han venido acompañados por el párroco de Medeglia, que décadas atrás también desempeñó su ministerio en Berazategui y otros lugares de la diócesis. ¡Gracias por acompañarnos!
 
Gracias al Presbiterio de la Diócesis de Quilmes, los actuales sacerdotes como los que desde el cielo nos acompañan, que con sus obispos ha formado este pastor que hoy seguirá caminando con nosotros como Padre, hermano y amigo.
 
Gracias, querido Maxi, porque dijiste que sí, viniendo al auxilio de este pobre pecador. Juntos serviremos mejor a este precioso pueblo de Dios que peregrina en Berazategui, en Florencio Varela y en Quilmes.
 
Gracias, Mons. Vincenzo Turturro, que desde la Nunciatura nos trae la Bula firmada por nuestro querido Papa Francisco.
 
Nuestra Iglesia Diocesana camina de la mano de María Inmaculada. Siempre ha brillado en tu camino, querido Maxi.  El Santo Cura Brochero cariñosamente la llamaba “Mi Purísima”. El Padre Obispo Jorge la honraba cada año en Luján, y en sus manos maternales ofrendó su vida a Dios. Hoy, se hace muy cercana a tu corazón de pastor, para sostenerte en tu propósito: “SEGÚN TU PALABRA”.
 
Que cada día, como el querido Negro Manuel, podamos decir: “¡SOY DE LA VIRGEN NOMÁS!”