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ACENTUACIONES 2003
Aspectos pedagógico, pastoral y administrativo en la Educación Católica
Con estas acentuaciones quiero seguir la tradición de mi predecesor Mons. Jorge Novak y presentar algunos criterios básicos a tomar en cuenta en los colegios católicos de nuestra diócesis.
Aspecto pedagógico
Lo propio de la enseñanza de un colegio católico es el carácter abarcador de su concepto antropológico que parte de Jesucristo como el hombre perfecto y considera al alumno como persona en proceso de maduración y crecimiento hacia este ideal. Este proceso toma en cuenta las potencias superiores que son el intelecto para entender la verdad, la voluntad para elegir el bien, la memoria para afirmar los conocimientos y valores, y la imaginación para crear con originalidad la propia personalidad.
El presupuesto teológico de esta formación es la vedad revelada que "todo fue creado por El y para El", es decir el verbo encarnado, Jesucristo; y que por lo tanto no existe absolutamente nada en el mundo que no sea una manifestación de su sabiduría y poder. Todo lo que descubrimos en la naturaleza material, biológica, animal, intelectual, social y espiritual es un reflejo del Creador. Por eso no hay ninguna "materia" de clase que no nos lleve al que es origen y fin del hombre. Enseñar y estudiar es el esfuerzo compartido entre docente y alumno para conocer el mundo que Dios nos ha confiado y ocupar en el mismo el lugar que a cada uno le corresponde. Debemos decir que a cada docente le incumbe la misión de catequista.
"Porque todo cuanto se puede conocer de Dios esta patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a conocer, ya que sus atributos invisibles - su poder eterno y su divinidad- se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras" (Ro 1, 19-20). La seriedad y competencia con que se enseñan los diversos programas, manifiestan el respeto no solamente al alumno, sino también al Creador de todas las cosas, del cual el docente siempre deber ser testigo.
"La coordinación entre el universo cultural humano y el universo religioso se produce en el intelecto y en la conciencia del mismo hombre-creyente. Los dos universos no son paralelas entre las que no es posible la comunicación. Cuando se buscan los puntos de contacto, que hay que individuar en la persona humana, protagonista de la cultura y sujeto de la religión, se encuentran. Encontrarlos nos es competencia exclusiva de la enseñanza religiosa. A ello se dedica un tiempo limitado. Las otras enseñanzas disponen de muchas horas al día para ello. Todos los profesores tienen el deber de actuar de mutuo acuerdo. Cada uno desarrollara su programa con competencia científica, mas, en el momento adecuado. En la escuela católica y, análogamente, en toda otra escuela Dios no puede ser el Gran-Ausente o un intruso mal recibido. El Creador del universo no obstaculiza el trabajo de quien quiere conocer dicho universo, que la fe llena de significados nuevos ( Nº51 del Documento "Dimensión religiosa de la Educación " de la Santa Sede ).
Aspecto pastoral
Es propio del Colegio Católico que, además de los contenidos comunes a todos los institutos educativos, se prevea expresamente la enseñanza religiosa en las aulas, igual que para lengua, matemática, ciencias naturales, sociales, etc. Se desarrolla en las clases el tema de la fe con los métodos propios de la historia, de la filosofía y de la teología para que el alumno aprecie el rigor del estudio religioso y descubra la racionalidad de la fe. Porque la fe estimula a la razón, y la razón lleva a la fe. La Biblia , documento fundamental de la enseñanza religiosa, es el ejemplo mas claro de la convicción de que "el mundo y todo lo que sucede en el, como también la historia y las diversas vicisitudes del pueblo, son realidades que se han de ver, analizar y juzgar con los medios propios de la razón, pero sin que la fe sea extraña en este proceso" (Encíclica Fides et Ratio Nº16). Sin duda, "los frutos de la enseñanza orgánica de la fe y de la ética cristiana, dependen en gran parte del profesor de religión: de lo que es y de lo que hace. El profesor que posee una visión límpida del universo cristiano y vive consecuentemente con ella, logra llevar a los alumnos a la misma claridad de visión y los incita a actuar coherentemente" (Dim. Rel., Nº96).
Conscientes de las limitaciones propias del ámbito escolar, en el cual todos necesariamente deben someterse a la severidad del estudio y de la disciplina, es importante que en la organización del programa educativo se garanticen espacios y tiempos que permitan e inviten tanto a los educadores como a los educandos a sentir el desafió y el gozo de la libertad. Dios nos ha creado según su propia imagen y semejanza y quiere que vivamos no como esclavos, sino como hijos suyos, identificados con su Hijo hecho hombre. Por eso, deben asegurarse espacios celebrativos, retiros espirituales, jornadas de reflexión y formación. No debe faltar a los formadores y comandos la experiencia del Padre misericordioso y la cercanía del Hijo que se nos brinda en la Palabra , la Oración , la Reconciliación y la Eucaristía. De cierto modo se debe complementar el rigor de la Ley del Antiguo Testamento que de alguna manera se actualiza en las aulas y que no ha perdido su validez, con la libertad del Evangelio que supera la primera Alianza y le da cumplimiento pleno por la supremacía del Amor. Por eso, además del catequista o profesor de religión, debe haber sacerdotes que estén a disposición de las comunidades educativas como signo palpable del mismo Jesucristo.
Aspecto administrativo
En cuanto al aspecto jurídico-administrativo del Colegio Católico vale la misma premisa enunciada arriba. No sólo los contenidos que se transmiten, sino también la organización, el trato y las obligaciones que los diversos agente educativos asumen por pertenecer al colegio, deben inspirarse en el modelo de Cristo, el Maestro y pastor por excelencia. Como el alumno ha de ser conducido hacia este ideal, los docentes han de ser imágenes a imitar de este mismo modelo. El colegio como institución tiene que ser un reflejo de la Ley del Evangelio y responder tanto a la justicia cuanto al amor en el trato mutuo de todo el integrante de la comunidad educativa. El estamento eclesial como primer y ultimo responsable del colegio, el representante legal, los directivos, los docentes, padres, alumnos y personal no docente, todos deben responder al principio fundamental de que los derechos humanos son indivisibles, y que por encima de todo prima el amor. Es decir, nadie debe perjudicar al otro, y menos de deben trasladar injusticias contra una parte, cometidas por ajenos al mismo colegio, a otros integrantes de la comunidad educativa. Todos deben identificarse con el sufrimiento del otro para garantizar las actividades escolares en equidad y armonía.
Quilmes, 15 de marzo de 2003
Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes
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