Presentación
Buenas tardes a todas y todos, muchas gracias por habernos invitado a poner en este momento algunas reflexiones comunes que puedan ayudar al discernimiento que enseguida harán los pequeños grupos, creciendo en su aporte para la Iglesia diocesana.
Es una verdadera oportunidad la que ustedes nos dan a nosotros dos para compartir con ustedes y es un don de Dios poder reflexionar sobre este segundo objetivo que ya determinaron los hombres y mujeres del Pueblo de Dios que peregrina en Quilmes cuando construyeron la orientación de la Asamblea.
De todos los listados de necesidades y propuestas de actitudes que fueron apareciendo, éste segundo objetivo fue, con lejos, el más lleno de sugerencias. Muchas expresiones subrayaron esta necesidad de que se humanicen los vínculos de nuestras comunidades y que las mismas estructuras de la Iglesia se transformen.
El largo listado de cosas que se señalaban como necesarias y de actitudes que las personas, las comunidades y la misma institución deberían cambiar, culminó en la ficha tres en la propuesta de 8 posibles líneas de acción que responden a este objetivo.
Haremos nuestro aporte en cuatro pasos, muy sencillos: 1) algunos textos de Aparecida que se refieren, a nuestro parecer, a este objetivo; 2) algunas temas referidos a la estructura y sus desafíos, 3) algunos temas referidos a los vínculos y sus demandas y 4) una referencia final al Evangelio.
1. Los textos de Aparecida:
Hemos recogido algunos textos que nos parecen centrales para esta iluminación que entre todos debemos hacernos. El contenido es, las más de las veces, muy conocido para nosotros, porque expresan afirmaciones centrales del Evangelio y de nuestra catequesis de siempre. Sin embargo, hay acentuaciones e inclusiones que son verdaderamente revolucionarias y que muestran como posible el sacudimiento que el sábado pasado nos recordara la Hermana María Gabriela y que habíamos elegido para la primera de las fichas de esta preparación de la Asamblea.
1.1 164 "La vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana. El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. Dios no quiso salvarnos aisladamente sino formando un Pueblo".
Este párrafo es el que acompañaba al segundo objetivo en la tercera ficha que los asambleístas que vienen de las parroquias recuerdan bien. Es la declaración de principio del sentido de la comunidad cristiana.
1.2 161 "La Iglesia es comunión en el amor. Ésta es su esencia y el signo por la cual está llamada a ser reconocida como seguidora de Cristo y servidora de la humanidad. El nuevo mandamiento es lo que une a los discípulos entre sí, reconociéndose como hermanos y hermanas, obedientes al mismo Maestro, miembros unidos a la misma Cabeza y, por ello, llamados a cuidarse los unos a los otros (I Co 13; Col 3, 12-14)".
También estas afirmaciones nos resultan conocidas, pero hay algunas frases en las que vale la pena nos detengamos: "reconociéndose como hermanos y hermanas": esa palabra, reconocer y esa referencia explícita a las mujeres merece que la miremos bien. Y, sobre todo, la última frase: "llamados a cuidarse los unos a los otros". Esta referencia al cuidado unida al reconocimiento nos abre una figura muy rica.
1.3 162 "La diversidad de carismas, ministerios y servicios abre el horizonte para el ejercicio cotidiano de la comunión, a través de la cual los dones del Espíritu son puestos a disposición de los demás para que circule la caridad. Cada bautizado. es portador de dones que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros. El reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones asegurará mayor vitalidad. Cada comunidad está llamada a descubrir e integrar los talentos escondidos y silenciosos que el Espíritu regala a los fieles".
También esta manera de hablar del Pueblo de Dios como un Cuerpo diverso y unido nos es conocido. Pero quisiéramos detenernos en la última frase, que dice bellamente que "cada comunidad está llamada a descubrir e integrar los talentos escondidos y silenciosos que el Espíritu regala a los fieles.
1.4 225 ".la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos "no católicos" creen sino. por lo que ellos viven, no por razones doctrinales sino vivenciales, no por motivos. dogmáticos sino pastorales, no por problemas teológicos sino metodológicos. Esperan encontrar respuesta a sus inquietudes. Buscan. responder a algunas aspiraciones que quizás no han encontrado, como debería ser, en la Iglesia".
Esto es verdaderamente nuevo, valiente y provechoso: el reconocimiento de la deuda comunitaria que tenemos en nuestra Iglesia católica, verdadera responsable de la gran migración de fieles hacia comunidades creyentes cristianas de otras iglesias o grupos.
1.5 226 "Hemos de reforzar en nuestra Iglesia. b) la vivencia comunitaria. Nuestros fieles buscan comunidades cristianas, en donde sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados, visibles y eclesialmente incluidos. Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsables en su desarrollo".
En el número siguiente los obispos en Aparecida dicen, en positivo, cómo deben ser nuestras comunidades para que los que creen en Jesús no tengan que buscar en otros grupos lo que merecen recibir en la Iglesia católica. No tiene desperdicio, tanto en la descripción de lo que buscan los fieles como en la definición de lo que es pertenecer a una comunidad.
2. En cuanto a las "estructuras"
Nos pareció comenzar por el segundo punto del objetivo, de afuera para adentro, por así decir y empezar hablando de las estructuras eclesiales a las que queremos "humanizar".
En primer lugar, es necesario decir que las estructuras de la Iglesia siempre fueron y no pueden no serlo, estructuras tomadas de experiencias humanas e históricas. Cuando Jesús encomienda a los suyos la instalación del Reino no les proporciona ninguna indicación precisa de cómo organizarse: salvo la prioridad de Pedro, el llevar mochila ligera, ir de a dos y alguna que otra recomendación nada hay de planificación ni esquema de gobierno y gestión, como hoy solemos llamar.
De modo que la Iglesia se organizó copiando los modelos que encontró a la mano y que mostraban ser eficaces a la hora de llevar adelante empresas que debían congregar a mucha gente y sostenerse en el tiempo.
En lo poco que podemos abarcar ahora les proponemos dos aspectos:
2.1 en la estructura social la iglesia responde a una concepción territorial
2.2 en la estructura política responde a una concepción de un imperio o de una monarquía.
La Iglesia se instala en territorios, como lo hacían los pueblos y así se definen las distintas iglesias locales por la porción geográfica de terreno que ocupan, limitándose unas a otras y "concentrándose", es decir, congregándose en torno a algo que es "centro" -la plaza, el templo- y en esa figura esférica se desarrollan la vida y sus peripecias para todos y todas.
Por eso la Iglesia se siente tan cómoda en los enclaves territoriales, en los barrios, en aquellos lugares en los que la gente vive en un determinado lugar y allí se encuentran entre sí y con el Señor.
En cuanto a su gobierno y para organizarse en una unidad sostenible a lo largo del tiempo y a lo ancho del mundo, la Iglesia contó con los esquemas del Imperio romano o de las monarquías de tantos signos. De ese modo la "estructura piramidal" -que algunos y algunas señalaban como necesaria de cambiar-, era la estructura obvia y exitosa en el mundo. Un poder central, una cabeza: un grupo de cercanos, amigos confiables y expertos con quienes compartir discernimientos y decisiones -la corte- y cabezas locales en todo el territorio al que se llegaba. Antes de que nadie me lo diga declaro que sé que entre los obispos y los gobernadores del Imperio hay importantes y teológicas diferencias: solamente aludo, en este momento, a la estructura, esto es, al esquema de gobierno adoptado para poder mantener unida una enorme y creciente masa de hombres y mujeres que se bautizaban.
Pero si esto es así, o si al menos, en algo es así, hoy nos plantea problemas y desafíos a la hora de querer humanizar estas estructuras que presumimos, por lo que pide el objetivo, que se han endurecido y han perdido condición de humanas.
1) Un grupo de problemas/desafíos se vinculan a la estructura social y se refiere al espacio donde viven los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
¿Dónde están? ¿Dónde viven? ¿Qué los congrega y reúne? ¿Qué es lo que recorta a los grupos y comunidades humanas, hoy, entre nosotros?
La pertenencia geográfica se ha debilitado en millones de hombres y mujeres que no "viven" allí donde duermen. Las relaciones y la constituciones de grupos significativos responde a otras variables ¿cuáles? ¿cómo pueden ser alcanzadas?
En una encuesta reciente nos enteramos de que el 76,5% de los argentinos y argentinas se declaran católicos. Pero un porcentaje muy pequeño, de un dígito, es el que participa de nuestras celebraciones dominicales. Y todavía un número menor se compromete en grupos y comunidades.
Los otros y las otras ¿dónde están?
Ya en la década del sesenta se hizo una fuerte presión en este sentido de cuestionamiento y surgieron varias formas de apostolado, concretamente de la acción católica, que se determinaban o por el lugar del trabajo o por el del estudio. (La historia del genocidio militar entre nosotros también fue la historia del desaparecer de estas formas de constituir una comunidad). Los movimientos con carismas específicos cumplen, pero muy parcialmente, ese cometido de "espacios" distintos. Los colegios son un espacio formidable de definición de amistades, relaciones, intereses, compartir de la vida y de los sueños. Pero nuestra presencia "eclesial" es allí débil y tímida.
Y, todavía, dos espacios nuevos nos desafían: el espacio mediático y el ciberespacio. ¿Dónde está la gente, dónde vive, dónde se reúne y se reconoce y establece vínculos?
2) Otro grupo de cuestiones/problemas desafíos se vincula con la forma de gobierno.
Hace ya muchas décadas que la Iglesia no tiene duda en reconocer y recomendar como la mejor forma de gobierno para hombres y mujeres en todo el mundo y en todas las culturas a la democracia. Se une así decididamente a la denuncia de falta de libertad de elección y de participación en los destinos de los pueblos.
Pero, al interior de la Iglesia misma, no es tan segura ni tan homogénea la democracia como estilo de gobierno y de reconocimiento de los miembros de la gran comunidad eclesial. Tampoco adopta un sistema republicano, especialmente en lo que se refiere a la división de poderes y el mutuo control.
Con todas las limitaciones que la democracia tiene y sus defectos, al menos ha supuesto un paso importante en la historia humana y así, aunque votar no lo sea todo, al menos votar ya es algo.
Pues bien, en la Iglesia católica se vota muy poco y en contadas ocasiones. En las congregaciones religiosas y en los movimientos laicales se votan -con distintos grados de democracia- para elegir a las autoridades. También los cardenales votan para elegir al Papa. Pero no se vota para ser elector del Papa.
Esta Asamblea es una excepción y aún siendo pasible de muchas críticas ha significado un esfuerzo enorme para que tantos asambleístas voten.
Pero en nuestras comunidades, colegios, diócesis no votamos nunca y los circuitos de poder tienen que ver con discernimientos espirituales personales, con consultas secretas y muy selectivas, con escasa posibilidad, en suma, de que haya cambios significativos de nombres de candidatos, en elecciones de textos de catequesis o en ritos litúrgicos.
Otro desafío está vinculado a la explosión histórica y social de los derechos humanos y de los hombres y mujeres que luchan para que sean una realidad de la cultura y la vida de todos y todas.
Me gustaría expresarlo así, para hacerlo corto. En un tiempo la Iglesia tuvo como cometido el de ocuparse de la salud de las poblaciones y los hospitales eran suyos. Mucho más tiempo fue la gestora de la educación y suyos eran los lugares donde se aprendía. Ahora mantiene una pastoral de acompañamiento a los enfermos pero los hospitales se rigen con total autonomía por una legalidad de la salud, su saber y su práctica, que nada tienen de eclesiales. Del mismo modo: aunque conserva establecimientos educativos, la educación como tal tiene una autonomía propia y unas dimensiones tales que han desbordado absolutamente toda pertenencia eclesial.
Hasta hoy nos gloriábamos de ser un espacio donde la defensa de los pobres y de toda forma de justicia nos pertenecía. Pero desde hace sesenta años cada vez más mujeres y varones de todo el mundo, de todas las etnias, de todas las culturas y creencias, de tantas historias distintas se van apropiando de las declaraciones, pactos, tratados, convenciones y otras expresiones de los derechos humanos. Así la lucha contra la pobreza y a favor de la justicia ha "explotado" hacia tal cantidad de actores y protagonistas que cambios profundos y no predecibles van modificando la posición de la Iglesia en el mundo.
Para finalizar, dos puntos particulares: en este tema de los derechos humanos un lugar especial es el de los derechos de las mujeres. La posición y los espacios que las mujeres tenemos y podemos tener en la Iglesia es uno de los temas más desafiantes, en medio de lo que algunos llaman "la revolución femenina".
Y en cuanto a la democracia y a la participación efectiva en el poder de discernimiento y decisión, el problema tiene que ver con el clericalismo: no solamente porque la inmensa mayoría de los cargos en las estructuras eclesiales "deben" estar en manos de clérigos, sino, sobre todo, porque en las comunidades se mantiene un cierto infantilismo laical que abusando de la imagen del rebaño o de la infancia espiritual en realidad muchas veces establece una relación muy asimétrica, no de adultos, que resulta muy cómoda para muchos y muchas (laicos) y muy "empoderada" para otros (sacerdotes).
Estas dificultades para diseñar estructuras nuevas que se diseñen en los espacios reales de los hombres y mujeres, de encontrar formas de gobierno y conducción que se democraticen para ser de veras sostenidas por adultos y adultas co-rresponsables, son algunos de los desafíos que tenemos que enfrentar a la hora de humanizar las estructuras eclesiales.
3. En cuanto a los vínculos
Se pide también algo en relación a los vínculos, que sean más humanos, uno podría traducir algo así como mejorar los vínculos para que enriquezcan las relaciones., creo que se está pidiendo algo hermoso, pero también nace este pedido de una realidad que es que los vínculos cuestan.
Cosas que se viven en soledad y no se pueden compartir ni siquiera con los otros curas o con compañeros y compañeras de comunidad.
Creencias profundas y su relación con la vida: .. Por los sí que hemos dado. Es algo personal, no vinculable.
Pero, a la vez, sentimos necesidad de hablar de estas cosas ¿cómo las viven otros?
Necesidad de comunicación, encuentro. De sinceramiento.
Tener un lugar favorable que ayude porque el otro entiende, no juzga, me capta tal cual soy.
Necesidad de compartir, frente a una realidad muy profunda de soledad.
Necesidad de hacer cosas que sean buenas.
Dificultad de la vida comunitaria. Dificultad de las relaciones, necesidad de las relaciones: de que me conozcan. Dolores muy grandes unidos a la falta de reconocimiento.
Encontramos muchos dolores en las relaciones eclesiales.
Cuestan los vínculos entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos, entre compañeros, cuestan los vínculos en la parroquia, cuestan los vínculos en las comunidades de religiosos y religiosas, entre los sacerdotes, ., con el obispo. en las comunidades educativas, en los movimientos. cuestan los vínculos en la Iglesia.
Detrás del deseo manifiesto de mejores vínculos hay realidades de no vinculación o de vínculos imperfectos, en definitiva de dificultades en la relación y la comunicación.
Entonces si existe esta dificultad tan importante, ¿no estaremos pidiendo algo imposible?, si existe esta dificultad y es parte de la realidad de nuestras vidas ¿es posible que sigamos insistiendo en esto que es difícil.? ¿no será que esto que estamos deseando es sólo un anhelo nostálgico inalcanzable.?
Aquí es donde surge desde lugares hondos del ser humano la necesidad de vínculo y comunicación., el hombre y la mujer no pueden vivir solos y sin comunicación, sin vinculación., hay necesidades profundas en cada uno que son una tensión positiva hacia el otro y hacia los otros.
Desde todos los lugares de la Diócesis hay un pedido de fondo; comuniquémonos más, vinculémonos mejor., por supuesto que si esto se da va a repercutir en la acción emprendamos ya que la misma va a estar basada en deseos compartidos.
Encontramos necesidades y dificultades.
Dificultad de escuchar y necesidad de ser escuchado. Dificultad de aceptar y necesidad de ser aceptado.
¿A qué lleva esto? a aislarme, me convenzo que estoy solo y esto se traduce en aislamiento y soledad, y necesariamente llevan a distanciamiento a "yo vivo en mi propia isla".
En realidad lo que sucede es que sigo comunicado, pero con relaciones superficiales, que a la larga debilitan o van fragmentando la vida de una comunidad., "cuando nos convencemos que no se puede, ¿para qué voy a hacer esfuerzos importantes a favor de la relación y de los vínculos mismos?..."
Entra en juego un elemento importante: las diferencias:
Hay personas que piensan distinto a otras., hay movimientos de Iglesia con pensamientos distintos., que muchas veces, como diremos enseguida, están movilizados por sentimientos que confunden a la hora de trabajar por la unidad.
Es un difícil equilibrio que está "jaqueado", muchas veces por el deseo de uniformidad.
¿Podemos formar parte de lo mismo, aunque en muchas cosas pensemos distinto.?
Quizá aquí convenga aclarar, al igual que sucede en la vida de una pareja, una familia, que tenemos que acordar entre nosotros ese principio tan importante en orden a nuestros vínculos: que es bueno que nos pongamos de acuerdo en que podemos estar en desacuerdo.
Para aceptar que pensamos diferente es importante descubrir los sentimientos poderosos especialmente cuando no reconocidos, sentimos celos, a veces envidia. Sobre todo: miedo. Si tratamos de meternos un poco más adentro veremos que detrás de las dificultades de relación hay dolores, hay miedos, hay broncas, hay impotencias.
Por ejemplo: yo siento envidia de que Luisa hable con tanta facilidad y ella tiene celos de mi capacidad de escuchar. el problema es darse cuenta y no convertirlo en posturas enfrentadas. Muchas veces sería bueno decir "no me gusta" o "estoy asustado" en lugar de decir "está mal" o "así no se hace".
Tenemos también actitudes que son como fijaciones mentales ("siempre los otros", "nunca me llaman"."a mí no me comprenden.", "esto, mejor lo hago sólo." "es inútil, no me va a escuchar." "y para que lo voy a repetir, si no me entiende." "yo soy siempre el que termino haciendo todo"., son como realidades que "en automático" van como "poniendo un palo en la rueda" a las posibilidades de cercanía, de comprensión. Especies de sentencias o leyes internas que vienen de muy lejos y nos determinan sin que nos demos cuenta.
.hay que tener en cuenta que la pertenencia al grupo a la comunidad también la protagonizo yo., soy protagonista al momento de integrarme, de buscar un lugar o un sitio en la comunidad, de darme un lugar ahí. Pero también para ser cercano al otro, de tal manera que haya una circulación de afecto que me haga más cercano., todo esto hay que actuarlo, en el sentido de ponerlo en práctica., en todo lo que podamos hasta que vislumbremos los propios límites. Ya lo dijeron todos y todas en la ficha 2: para ser cercanos es preciso escuchar y aceptar, escucharse y aceptarse unos a otros.
Las necesidades de fondo tienen que ver con la pertenencia , la cercanía y el afecto.
Tenemos que quitar los individualismos y los comportamientos sectarios., y para esto ayuda la práctica de la "proximidad".
Prójimo es aquel o aquella a quien "yo me aproximo", en primer lugar, los caídos en el camino, las personas al margen, los que sufren., de quienes no quiero ni saber, ocupado como estoy en lo mío.
El modelo que se evoca es el de la familia . Se habla de hermanos y hermanas, se piden relaciones fraternales.
En la familia se aprende esencialmente a ser bueno, a dar sin esperar nada a cambio, a compartir, a pensar en los demás, a querer a los otros independientemente de sus cualidades, su belleza o su inteligencia, y tantas otras cosas positivas que influyen en la calidad de vida logrando que ésta sea verdaderamente humana porque todo el mundo se empapa de una actitud solidaria y fraternal.
Pero tendríamos que pensar en una familia real, no ideal o mítica, una familia imperfecta y parcial. Llena de defectos y de faltas de unos contra otros.
Una familia que es capaz de reconocer el ideal y que siempre estará tratando de mejorar en función de lo que anhela -"amarse unos a otros" como el mismo Jesús ama- pero también de celebrar la vida tal como se da. La celebración del amor, de la riqueza de las diferencias, de los pequeños gestos y las grandes entregas, del estar juntos porque es bueno vivir juntos, ésa es la fuente del "gozo que nadie podrá quitarnos".
4. La "fórmula" conocida: hacer lo que Jesús hubiera hecho en mi lugar
No estamos diciendo nada nuevo: casi todos y todas nos criamos escuchando esta fórmula y reproponiéndola para nuestra vida y nuestra entrega cristianas como la manera de ser fiel: hacer aquí y ahora lo que creo sinceramente que Jesús hubiera hecho, si estuviera en mi lugar.
Sigue siendo interesante. porque cuando uno de veras se lo plantea nuevamente, es luminoso pero.
Para finalizar esta reflexión quisiéramos proponerles tres actitudes -podrían ser otras y muchas más- tres que nos parecen centrales en la vida de Jesús y que nos parece pueden ofrecerse como una cierta -limitada, parcial- clave para nuestras propias actitudes.
4.1 El reconocimiento
Jesús parece ir por el mundo reconociendo a cada uno y a cada una en el sentido estricto de respetarlos como capaces, como dignos y con poder para decidir, para hacer, para ser mejores personas.
También nosotros, como la Hermana María Gabriela , nos fijamos en el episodio de Jesús y su encuentro con la Samaritana. Allí Jesús le pide que le dé de beber: porque ella tiene el balde y la cuerda, porque ella sabe sacar agua y porque ella lo hace habitualmente y con éxito. El diálogo comienza con un pedido del Señor que reconoce en ella su capacidad.
Pensar en una actitud vincular en nuestras comunidades y aún en nuestras estructuras de organización como una actitud de confianza y respeto en las capacidades del otro, de los otros, de las otras, podría ser un gesto que cambie muchas cosas.
Un dato importante de esta actitud de reconocer parece el que no hay ni curriculum previo ni prontuario. Con la pecadora -y recuerdo una predicación de Novak-, Jesús es el único a quien no le importa el historial y por eso le facilita el cambio: todo lo previo se borra según la fórmula de borrón y cuenta nueva.
Y con los trabajadores de la viña, muestra el amor que decide dar a cada uno según la medida de su amor y no según los méritos adquiridos.
El reconocimiento es un reconocimiento que nace del aprecio infinito de la persona que tiene enfrente, no de sus acciones.
4.2 Atravesar fronteras
Jesús vive trasgrediendo límites y atravesando fronteras que parecían vallas.
Cura en sábado, come con pecadores, habla con mujeres en público, cura a los "perros" paganos y extranjeros.
Jesús cruza los límites geográficos, políticos, simbólicos y religiosos y se arriesga a estrechar vínculos nuevos, incluso con algunos a quienes elogia como los mejores -"nunca vio fe como la de ellos o ellas"-, en la novedad de sus encuentros personales.
En este tema quisiéramos decir dos cosas: en primer lugar, que Jesús parece haber previsto, en los ejemplos que ya daba en su tiempo, algunas de las diferencias que nos enfrentan hoy: en efecto, cuando insiste en que prostitutas y publicanos nos precederán en el Reino a los fieles, moviliza tanto a los que les cuesta aceptar a los "pecadores" en relación con la actividad sexual, como a los que nos cuesta aceptar que los recaudadores para el imperio, que explotan al pueblo sufriente, puedan adelantarse en el Reino.
La segunda cosa apareció en manifestaciones diversas de esta preparación de la Asamblea y tiene que ver con el tendido de barreras y establecimiento de divisiones infranqueables. Con todo cariño pero con toda firmeza tenemos que decirles que muchas veces se trata de "internas" clericales, de enfrentamientos y de decisiones de separarse que pertenece a los sacerdotes y respecto de la cual las comunidades laicales son ajenas. y víctimas. Cruzar las fronteras exigirá replantear la participación y las definiciones de las comunidades.
4.3 Compasión
Jesús acompaña, convive y es amigo.
Como dice un autor, Jesús no vino a solucionar nuestros problemas sino a compartirlos. Es cierto que devolvió la salud y la vida a unos cuantos, pero a unos pocos si hacemos bien las cuentas. Lo que siempre hizo fue compartir la vida. Los gozos y las esperanzas, las angustias y los dolores de los hombres y las mujeres con los y las que se encontraba.
Jesús convive, sin juzgar, sin acusar, sin empujar. invita y alivia la carga, pero convive.
Él mismo quiso definir el modo de ser próximo a los suyos, a nosotros, a todos y todas: "no ya como servidores, sino como amigos".
La tercera actitud que puede ser clave para humanizar nuestros vínculos y nuestras estructuras es la de convivir como amigos compasivos unos y unas con otros y otras.
Vamos a hacer un gesto gestáltico, disculpen el vicio profesional. Enfréntense de a 4, mírense a los ojos, mírense a la cara y repitamos lentamente todos y todas: humanizar los vínculos comunitarios y las estructuras eclesiales.
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