Las adicciones son producto de factores combinados y convergentes: deficientes espacios de contención socio-familiar, crecientes presiones sociales, baja expectativa de realización personal, oferta invasiva de drogas, falta de espacios de esparcimiento y recreación sanos, especulación, lucro y criminalidad de cadenas de narcotráfico, inacción estatal y falta de políticas activas en la prevención, atención y represión de las situaciones ligadas a las drogas.
Interpelados por esta realidad que afecta a personas y familias desgarradas por la impotencia de no saber como superar la adicción y el temor a que algunos miembros de sus familias –especialmente los mas jóvenes– se sumen a este flagelo, decidimos orientar la Campaña de Fraternidad 2010 –durante la Cuaresma desde el Miércoles de Ceniza, 17 de Febrero, al Jueves Santo, 1 de Abril, a la realidad de las adicciones y el consumo de drogas, bajo el lema «Por una sociedad con oportunidades y sin drogas».
«Jesús nos da fuerzas cuando nos dice:“Yo he venido para que tengan vida, y la tengan
en abundancia” (Jn 10,10). A todos los que fueron tocados por esta miseria y sufren
esta penosa esclavitud, especialmente a los niños y jóvenes, queremos abrazarlos y
llevarlos al Corazón de Cristo para decirles que “Dios nos ama, que su existencia no es
una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su
Reino, que nos acompaña en la tribulación, que alienta incesantemente nuestra
esperanza en medio de todas las pruebas» (Aparecida, Nº 30).
El desafío es grande. Entre todos debemos generar una red social que propicie la
cultura de la vida. En este esfuerzo es fundamental el concurso de toda la sociedad,
para gestar un compromiso solidario que comprenda a madres y padres, docentes,
funcionarios, medios de comunicación, instituciones religiosas; en fin, para que en
todos los ámbitos sociales haya una contundente opción por la vida fundada en la
dignidad de la persona. Debemos recrear caminos de esperanza, fortaleciendo metas e
ideales, que den sentido a la existencia, reconstruyendo una cultura, en la que el
esfuerzo, el sacrificio y aún el dolor, hagan prever una cosecha de frutos abundantes
para el bien común”. (Conferencia Episcopal Argentina, "La droga sinónimo de muerte" 09/11/2007).
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